Coloca una vela a media altura, a un brazo de distancia del borde de la mesa de centro, para que el olor alcance a quienes conversan sin dominar. Si el salón es amplio, releva con una segunda vela discreta en una consola lateral, encendiéndolas por turnos para mantener intensidad constante y evitar fatiga olfativa.
Una esquina cerca de un pasillo activo se convierte en lanzadera natural del aroma. Comprueba que no haya cortinas al alcance ni corrientes fuertes que inclinen la llama. Deja quince a veinte centímetros libres detrás de la vela para que el aire circule, y gira ligeramente su posición hasta que notes distribución pareja en asientos opuestos.
Si una ventana está entreabierta o una rejilla de climatización sopla cerca, atenúa la velocidad del ventilador de techo para no apagar la vela. Orienta el caudal suave en modo invierno para empujar el aire hacia abajo, mezclando capas. Ajusta en intervalos de diez minutos y observa cómo mejora la uniformidad sin sacrificar seguridad.
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